
Más de 4.500 cámaras de seguridad controlan la nueva terminal A-4 del aeropuerto de Barajas de Madrid. Más de 500 escaleras mecánicas y pasillos enlazan una terminal con otra. Alcanzan un total de 40Km2. El flujo diario de pasajeros se eleva a 90.000 en un día normal y más de 110.000 en una jornada de verano. Un sistema informático diseñado por un grupo de doce ingenieros vascos controla que todo funcione bien y, cuando no es así, la máquina salta avisando a los 80 operarios para que den el aviso. Le llaman el "cerebro de Barajas".
Javier Alonso es uno de los "cerebros" de la máquina, además de fundador de la empresa Comercio Electrónico B2B 2000, encargada del diseño del ordenador más potente del décimo segundo aeropuerto más importante a nivel mundial por número de pasajeros transportados, 41.963.197. Su equipo ha necesitado dos años de trabajo para desarrollar el proyecto en el que han colaborado una docena de ingenieros. Además, este trabajo les ha "obligado" a abrir una oficina en Madrid.
El "cerebro de Barajas" recoge la información de todos los sistemas del aeropuerto: las cámaras de videovigilancia, el equipaje, los sistemas de antiincendio, las escaleras mecánicas, los mostradores de facturación, los equipos de limpieza, las colas, los barullos, etc. Ochenta pares de ojos controlan en cada momento las alertas que dan las respectivas máquinas (sistemas antiincendio) o personas (camareros,personal) o ellos mismos, los operarios, al detectar situaciones no deseadas (aglomeraciones en facturación cuando existen más ventanas que están cerradas pero deberían abrir).
"Este sistema - advierte Alonso- no resuelve los retrasos de los vuelos". De hecho nada tiene que ver en ellos, ya que eso es responsabilidad de las líneas aéreas y controladores. "Tampoco se nos puede achacar las colas que se originaron los días de apertura de la A-4", se defiende el ingeniero. En voz baja, Alonso puntualiza que "hubo un error humano, no informático, que colapsó las cintas de equipaje". Unas simples pegatinas mal colocadas tuvieron la culpa.
"Tardaron varios días en darse cuenta que la raíz del problema era simplemente eso: unas indicaciones que no se correspondían con su lugar, obstaculizando el paso de los equipajes", dice. Era, simplemente, un "fallo manual de ajuste", explica. "Aena e Iberia ya pidieron disculpas por ello", añade Alonso.